Viajes en carretera
Me gustan mucho los viajes en carretera. Desde que soy pequeño, muchos de mis recuerdos son ir en el auto con mis padres, viajando horas y horas en carretera. Algunas veces visitábamos familiares que vivían lejos, otras eran viajes vacacionales a la playa o la montaña, muchas veces eran fines de semana que mis padres aprovechaban para conocer lugares turísticos del país donde estuviéramos viviendo en ese momento.
Me acostrumbré al viento mudo que hacía un silencio no vacío, y al mecer suave del asiento. A los lejanos paisajes gradualmente cambiantes a destiempo con la veloz escenografía más cercana que ni se repetía ni dejaba de repetirse.
Siempre ha sido mi momento favorito para pensar. Sin la capacidad de leer en movimiento por los constantes mareos y sin muchas ganas de escuchar la misma música que escuchaba siempre en la vida cotidiana, encontraba el espacio perfecto para pensar y pensar y pensar…
No podía hacer nada y por tanto nadie podía exigirme nada. Los únicos momentos en que realmente era dueño de mi tiempo, siendo, irónicamente, al mismo tiempo prisionero en el auto.
Hoy lo disfruto de forma muy similar en trenes y buses de larga distancia. Con la misma calma y paz, con la mirada igual de perdida en el horizonte como fascinada por los objetos que aparecen por una fracción de segundo a mi lado.
Bueno, siempre que haya aire acondicionado.