Belleza que de tí emanas
Quiero tomarte la mano,
mostrate la belleza
de los montes sagrados,
lejanos.
Esto que de ti
calca la naturaleza.
Porque son tus ojos,
verdes y marrones,
que inspiran al bosque
a ser puro y vivo.
Pues es tu mirada,
tierna y serena,
que enseña a las aves
el cómo se vuela.
Y en tu andar ligero,
grácil,
te sigue el riachuelo
diáfano.
Y desemboca en un lago
táctil,
que te ahoga en su abrazo
amago.
En rozar tus mejillas dulces
se esmera la brisa tenue.
Pero desgreñar tu cabello salvaje
se propone el viento feroz.
Y si yaces entregada
sobre el tierno pasto,
consagraría
una cama de flores
para que se colmasen
de tu olor.