Confesiones
A veces creo que escribo aquí porque no tengo a quién hablarle; no hay a quién le interesen mis reflexiones vagas y superficiales, sin ánimos de despreciarlas, pero sé que lo son. Es bonito, también, saber que no necesito nadie a quién contarle todo; porque el lector o lectora imaginarios a quiénes hablo son en parte ilusión y potencial.
No quiero, en realidad que nadie me lea; y por eso (casi) nadie sabe de este blog (de momento). Pero así está bien, y así estoy bien.
Es mi forma de crear sin miedo ni presión, es quizás mi forma más sincera de expresión. Gracias a los autores que me acompañan en este blog, a la anónima persona que me supo leer y entender como pocos lo han hecho, a Noi Jonquer por sus versos mediocres, y a Abraham Monge que está desaparecido. Gracias lector o lectora imaginarios, por prestarme tu atención como la naturaleza presta el paisaje al pintor.
Vuelvo a mi soledad constante e inspiración (no tan) frecuente.