Décimas dedicadas

Le hablo sólo a la foto

de una bella poetiza,

de tal dulzura petisa

que aún con corazón roto

no puedo pretender que otro

su imagen me arrebate.

Y si dejo que me mate,

bien que por amor yo muera;

mejor sería que fuera

por ella, no un arrebate.

    

Si en el fondo aún confundo

un lago con el océano,

querría saber si al menos

se asemeja el fin del mundo

con perderme en lo profundo

de una noche en lejanía.

Nuestras almas compartidas,

condenadamente solas.

Confesiones sobre horas

que no cedemos ni en poesía.