Atracción, Afecto y Admiración

Se suele decir que el amor consiste en tres pilares fundamentales. En primer lugar está la atracción física, sexual, el deseo por la otra persona; ese deseo de atravesar y ser atravesado. Ese sentimiento de tener encendido algo más que el corazón, el desear desgarrar y romper, como lo hace el fuego mismo. Es algo incontrolable, animal; un impulso salvaje que desconoce distancia y tiempo, con el único fin de quemarlo todo.

Luego está el afecto, la conexión profunda, la buena conversación. El afecto es lo que queda después del fuego, esa calma que une almas, ese susurro que solo vive entre pupilas que se abrazan. Si la pasión dura tan poco, es para ceder tiempo a que el afecto mezcle las cenizas.

Y, después de todo, está la admiración, el orgullo individual e independiente. Admirar es ver crecer vida nueva de las cenizas: un par de seres tan unidos como independientes. Admirar es reconocer al otro en su capacidad, en su individualidad; apoyar el proyecto personal, mientras se construye el conjunto, hombro con hombro.