Borrador
Escribo sin rumbo ni destino, sin la esperanza de ser leído. Escribo para despojarme del miedo a la imperfección, al rechazo. Para atreverme a decir lo que pienso, lo que siento.
Escribo sin rumbo ni destino, sin la esperanza de ser leído. Escribo para despojarme del miedo a la imperfección, al rechazo. Para atreverme a decir lo que pienso, lo que siento.
Se suele decir que el amor consiste en tres pilares fundamentales. En primer lugar está la atracción física, sexual, el deseo por la otra persona; ese deseo de atravesar y ser atravesado. Ese sentimiento de tener encendido algo más que el corazón, el desear desgarrar y romper, como lo hace el fuego mismo. Es algo incontrolable, animal; un impulso salvaje que desconoce distancia y tiempo, con el único fin de quemarlo todo.
La vida en la ciudad es un balcón. Una tierna soledad, rodeada de vidas ajenas, que pasa desapercibida. Cercana al mundo y al mismo tiempo alienada por un flojo barandón. Tan propia como ajena y tan invisible como casual. Es incesante como es turbulenta. Y si te detienes a mirarla en un segundo te ves envejecer.

Nunca me he sentido más costarricense que en el extranjero. Con más de 20 años de vida he vivido acaso 10 en mi país. Y al mismo tiempo que no me siento como un verdadero costarricense en mi propia tierra, cuando estoy en tierra ajena, me acojo al retatro de mi patria perdida.